Desde La Periferia Del País: La Necesaria Unión De Las Resistencias

3Resultado de imagen para chocó pobrezaHay que tener la oportunidad de recorrer esos lugares donde se dice el Estado no llega, para comprender por qué los pobres del campo y las ciudades periféricas de Colombia, lo seguirán siendo, a pesar de que los barcos, camiones y aviones pasen con la riqueza frente a ellos llevándose todo de la naturaleza.

Así como se llevan todo y no dejan nada,  es preciso decir que las multinacionales y megaproyectos arrasan con todo, mientras las exigencias en la infraestructura vial, de salud, de educación siempre son y serán un cero a la izquierda. Pues la ruralidad de América Latina, se parece cada día más a una gran bodega de materias primas. Todo para allá nada para acá.

El déficit de educación y vivienda en Colombia sin lugar a dudas ha disminuido con el paso del tiempo, pero eso no garantiza que sea en la extensión del territorio colombiano, ¡no lo es! y mientras las escuelas rurales sigan en la miseria absoluta, construidas con los más bajos estándares constructivos y educativos, además con serias dificultades para garantizar un maestro en las mal llamadas aulas de clase. Que llevan colgado un letrero de “vive digital”[1] en la fachada. No sé si para burlarse de su pobreza o redimir su irresponsabilidad. Lo que deja como conclusión que la consigna de educación del gobierno Santos, no representa una transformación real ni en las ciudades, ni mucho menos en las periferias.

Basta con entrar en alguno de los barrios más pobres del Chocó, en alguno de los municipios apartados de Antioquia o en las rancherías de la Guajira, para darse cuenta del abandono total del Estado, lugares golpeados por la violencia, propiciada durante años por guerrillas, paramilitares y militares en sus territorios. Abandono que no se mide porque las calles sean a base de tierra o las casas estén construidas en madera, o los niños persigan un balón descalzos en canchas de arena, ¡no se trata de eso! , como lo hacen pensar los medios de comunicación. Estamos hablando de un abandono sistemático, que se materializa al momento de un niño asistir a la Escuela de “tabla y lata”, ya que ojalá se pudiese hablar en madera, pues ante la muerte por diarrea y la falta de centros de salud, de vías y sistemas de transporte, de calles seguras para los niños y un entorno sano no existe ni un mínimo de posibilidad en que sus padres puedan pensar en resolver o alcanzar el derecho a la educación, a la salud, a la alimentación o siquiera a la vida. El desempleo, la falta de oportunidades y la corrupción son los bucles de estas poblaciones, donde la incipiente organización social, se debate entre la supervivencia del día a día y el desquite a las amenazas de grupos armados y delincuencia.

No es posible pensar en paz “estable y duradera”; no en estas zonas aisladas del país. Con el proceso de paz, se persiguen todos los días ideales del fin de la guerra, del fin del conflicto, del comienzo de la paz, y hasta el rincón más olvidado de Colombia a orillas del río Atrato lo quieren y anhelan, y se decoran las puertas con guirnaldas blancas haciendo un llamado a la paz, al cese de una guerra contra su vida, contra sus intenciones de ser y estar tranquilos: a la espera de la hora de pescar, de coger un racimo de plátano, de plantar una yuca o esperar la cosecha de mangos. ¡Pero tampoco! Porque todos los días llegan empresas legales e ilegales, persiguiendo la gente, amedrentando su paz, detrás de su tierra, arrebatándole la vida al pueblo, los colores al rio y llevándose el mineral, la madera, las oportunidades de los más jóvenes y la salud de los adultos. Esto por mencionar un panorama, como pensar en “salir adelante entonces” en que los jóvenes se profesionalicen, accedan a un mejor trabajo y se “realicen”. La realidad es contundente, les han arrebatado la tierra, y con ella la vida.

¿Y a quién le debería preocupar esto?  A los trabajadores, estudiantes, campesinos, que día a día vemos como desangran a los pueblos más desprotegidos, lugares que bien son de donde vienen nuestros bienes, nace nuestro alimento y llueve nuestra agua. De donde se llevan cada una de nuestras partes y garantías lejos, donde es más difícil luchar, porque asesinan a nuestros líderes comunales, persiguen a nuestros jóvenes e incluso quedan sometidos a la delincuencia y consumo de drogas, a fin de buscar alguna posibilidad de subsistencia. El poder de los gobernantes sobre los habitantes de pueblos y barrios pobres, pasa por la vulnerabilidad de sus comunidades, por su fragilidad frente a una burocracia y un sistema de corrupción que se esfuerza por limitar la organización social y la lucha por hasta los más simples derechos.

Y no es un llamado diferente al que hacen todos los días por el respeto a la vida, a la naturaleza, a los derechos: sindicalistas, ambientalistas, intelectuales y académicos, porque es un mismo sentir, el que tenemos los trabajadores que afrontar, porque no está la protección del río por encima de la del minero, ni por encima del árbol, sino que es allí, en donde se deben librar luchas por arrebatar a los gobiernos y empresas corruptas, lo que nos pertenece: la vida. Y esto será posible cuando la lucha por un pupitre hasta la pavimentación de una calle, y las garantías de seguridad a los trabajadores y campesinos se coordinen, se entiendan como una sola búsqueda, se sobreponga al interés individual de cada sector y se unifiquen en un interés de clase, la de los que trabajan diario en el río o en la presa, en la fábrica o en el puerto. Cada que se ejerce la solidaridad en la lucha, se da un paso adelante, es una ganancia, es un asunto que salvaría más niños, árboles y ríos que si cada quien va por separado. O nos unimos o nos arrasan, “divide y reinaras” dirían otros.

Desde las periferias y ruralidades, hacemos un llamado de solidaridad a todos los trabajadores de las ciudades del país y del mundo para que nos organicemos, para dar una mirada a esas otras luchas que parecen insignificantes, pero que se libran día a día, intentado mejorar una escuela, pero también intentando incorporarse a una lucha que se torna global, porque el capitalismo no diferencia y donde llega termina con la vida, pero también nace la resistencia por la vida y la organización de los trabajadores y campesinos pobres.

Por la solidaridad en las luchas de los pueblos indígenas y trabajadores rurales.

Ante el saqueo del capitalismo. Apoyo a todos los pueblos que resisten.

La resistencia de la naturaleza, está en las manos de los trabajadores del mundo.

Solidaridad con todas las luchas de mujeres, afrodescendientes, LGTBI en todo el mundo. 

B.U-

[1] Programa del Gobierno de Colombia para promover la tecnología y el acceso a la información.

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