Copa del Mundo en el Brasil: ¡la juventud trabajadora entra en campo!

 

Después de sesenta y cuatro años, el Brasil, país del fútbol, recibe la Copa del Mundo nuevamente.

La presidente Dilma esperaba que la fiesta del deporte fuese un momento para conquistar apoyo popular a su gobierno, preparando su reelección en el mes de octubre. No obstante, los planes del gobierno federal no se concretaron.
Aun con una enorme propaganda oficial y de los grandes medios, el pueblo brasileño no cree que la realización de la Copa del Mundo dejará legados sociales. La Copa del Mundo no trajo al país más inversiones, empleos y desarrollo. Muy por el contrario, su realización está profundizando las desigualdades sociales y provoca innumerables ataques a la soberanía nacional.
Desde las jornadas de junio de 2013, el Brasil entró en la ruta de las grandes movilizaciones internacionales que sacuden el mundo todo desde 2011. En el Brasil no es diferente. Son millones los que entraron recientemente en el mercado de trabajo formal ocupando los peores cargos, muchas veces tercerizados o temporarios.
Es esa juventud, la nueva generación de trabajadores en lucha, la que representa el futuro del proletariado mundial. En el Brasil, es ella la que está transformando la Copa del Mundo FIFA en la pesadilla no sólo de las selecciones de España, Italia e Inglaterra, sino también del gobierno Dilma y de las elites propietarias.
¡Brasil ya es el campeón de las injusticias!
 
La Copa del Mundo es un evento privado, controlado por la FIFA y sus patrocinadores. La mayoría de la población brasileña, negra y pobre, está bien lejos de los nuevos y lujosos estadios. Y las injusticias no paran por ahí.
La preparación del mega-evento provocó el avance de la especulación inmobiliaria, de las remociones forzadas de comunidades periféricas y de la criminalización de la pobreza. Además, crecen también el turismo sexual y la privatización de los espacios públicos.
La Ley General de la Copa legaliza todas las injerencias de la FIFA, que determina qué productos deben ser vendidos y cuáles establecimientos comerciales pueden abrir en las regiones próximas a los estadios. La FIFA está exenta de todos los impuestos y cargos laborales que deberían ser recogidos por sus actividades económicas en el país.
De esta forma, queda claro, una vez más, la disposición de la presidente Dilma en ser una aliada indispensable del imperialismo. Después de garantizar la ocupación de Haití con las tropas brasileñas en el comando de la Minustah y las diversas exenciones fiscales concedidas a las multinacionales, el gobierno federal se dobló frente a las tropelías de la FIFA.
Se gastaron casi 35.000 millones de reales[1] de los cofres públicos en la construcción de los estadios, en las reformas de los aeropuertos y en las obras de infraestructura. Es inversión estatal para financiar un evento privado que va a hacer lucrar a las empresas y monopolios de la comunicación. La propia FIFA debe ganar más de 10.000 millones de reales en el Brasil.
La juventud es el sector de la sociedad más perjudicado por las injusticias de la Copa del Mundo, en especial la juventud trabajadora. La militarización y la privatización de los espacios públicos aumentaron la segregación territorial y cultural, que impide a los jóvenes pobres su derecho a la ciudad. La criminalización de la pobreza potencializó el genocidio de la juventud negra de las periferias. El turismo sexual hace de las mujeres jóvenes, incluso niñas y adolescentes, sus principales víctimas.
Una nueva generación de trabajadores en el ataque
El contraste entre los privilegios de la FIFA por un lado, y las pésimas condiciones de los servicios públicos y los bajos salarios por otro, aumentó el descontento social. La nueva situación política del Brasil, abierta con las famosas jornadas de junio de 2013, está profundizándose.
Las manifestaciones en las calles y los actos contra las injusticias de la Copa del Mundo FIFA abrieron el camino y, ahora, es la juventud trabajadora la que entra en campo, dando continuidad a la ofensiva de movimiento de masas.
Innumerables sectores salieron a la lucha, en la mayor ola de huelgas del país desde 1989. Son garis [barrenderos de calles], obreros de la construcción, empleados públicos, profesores y trabajadores del transporte, en especial los sectores más oprimidos y explotados los que están movilizados.
La vanguardia de esas luchas es una nueva generación de trabajadores que alcanzó la madurez política cuando las viejas direcciones oportunistas del movimiento de masas ya estaban gobernando el país. Una nueva generación que no tiene el peso de las derrotas del pasado en las espaldas y que puede hacer una experiencia más rápida con el PT.
La huelga de los trabajadores de subterráneos [metroviarios] de la ciudad de San Pablo fue el mayor símbolo de este nuevo momento. Fueron cinco días de paralización, en los cuales los trabajadores enfrentaron la prensa, la intransigencia del gobierno estadual, de la empresa, y la represión policial que invadió estaciones del metro para romper los piquetes.
La huelga, que la Justicia tornó ilegal, terminó con el despido de cuarenta y dos dirigentes, entre ellos sindicalistas con estabilidad en el empleo. No obstante, la categoría no bajó la cabeza y sigue en lucha, organizando una campaña por la reincorporación de los trabajadores despedidos por la empresa.
Campaña internacional: ¡Luchar no es crimen!
La burguesía brasileña aprovechó la Copa del Mundo para justificar la represión y la criminalización de los movimientos sociales y de las luchas populares. Con la excusa de garantizar la seguridad del mega-evento, fue elaborada una legislación especial, de excepción, legalizando prisiones arbitrarias e investigaciones policiales contra los activistas.
El Estado brasileño creó nuevos tipos penales, previendo hasta la detención de vendedores ambulantes que vendan mercaderías con imágenes ligadas al Mundial. Los crímenes serán juzgados rápidamente por tribunales especiales, instalados alrededor de los estadios, sin protección del derecho a la amplia defensa de los acusados.
En las vísperas de la abertura de la Copa del Mundo, ese proceso llegó a su punto más alto. El día 12 de junio, la manifestación contra las injusticias sociales fue brutalmente reprimida. Pocos días antes, el 9 de junio, el estudiante y militante del PSTU, Murilo Magalhães fue detenido y torturado por la Policía Militar del Estado de San Pablo mientras participaba de un acto en solidaridad con los metroviarios despedidos.
La juventud es el blanco principal de los gobiernos y autoridades brasileñas. Las centenas de activistas despedidos, presos y, hoy, investigados están entre los 20 y 30 años de edad. Son trabajadores y estudiantes, en especial, dirigentes de movimientos, víctimas de la Policía y de la Justicia.
El mayor ejemplo de esta escalada represiva es la acusación sobre los líderes del Bloque de Luchas de la ciudad de Porto Alegre, en el Estado de Rio Grande do Sul. Cuatro jóvenes están siendo acusados injustamente por formación de milicia privada y daños al patrimonio público, entre otros crímenes. Matheus Gomes, militante de la juventud del PSTU y de la Asamblea Nacional de Estudiantes-Libre [ANEL] es uno de los dirigentes acusados.
El PSTU brasileño y la LIT  llaman al movimiento de masas de toda América Latina y el mundo, y en especial a las organizaciones del movimiento estudiantil y la juventud, a construir con nosotros una amplia campaña internacional contra la criminalización de los movimientos sociales en nuestro país. Vamos a organizar acciones de solidaridad por el fin de las investigaciones, prisiones y despidos. ¡Luchar no es un crimen!
Traducción: Natalia Estrada.
Escrito por Clara Saraiva, Juventud PSTU Brasil   
Jueves 26 de Junio de 2014 13:49
[1] El valor de cambio dólar-real es hoy de 2,21. Lo que equivale a un gasto de 15.840 millones de dólares, aprox. [N.de T.].
(original: http://litci.org/inicio/newspaises/america/brasil/4453-copa-del-mundo-en-el-brasil-ila-juventud-trabajadora-entra-en-campo)

 

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