A retomar las calles

Luego de un 2011 lleno de convulsiones hoy en los campus universitarios hay una aparente normalidad. Pero ya nada es igual, por debajo se siguen moviendo los factores estructurales que desencadenaron la explosiva movilización estudiantil del año pasado.

La crisis financiera sigue carcomiendo a las universidades, que en algunos casos literalmente se están cayendo. El malestar de los docentes aumenta por las condiciones cada vez más inestables y agobiantes de trabajo, sobre todo para los docentes temporales. De igual manera provoca descontento la precarización de los empleados administrativos con las políticas laborales de tercerización y contratación por orden de prestación de Servicios (ODS).

Los estudiantes están concentrados en su actividad académica, pero algo en la conciencia ha cambiado. Cada vez que se escucha hablar sobre reforma a la ley 30, se pone atención. Los foros y los debates sobre la crisis de las universidades cuentan con una aceptable asistencia, los estudiantes quieren saber, quieren entender y quieren proponer.

Pero además los estudiantes empiezan a ver con nuevos ojos su entorno. Si bien hace rato se dieron cuenta de que las cosas no andan bien, el paro demostró la fuerza de la movilización masiva, y que miles de voluntades individuales pueden fundirse en objetivos comunes. Pero además tenemos que saber que podemos y necesitamos volver a las calles, para luchar por una universidad radicalmente distinta y al mismo tiempo para combatir y transformar las condiciones inmediatas. Pero esta conciencia de lucha que está latente, en medio de una coyuntura en que no se privilegia la movilización, corre el peligro de desvanecerse.

La vanguardia va por su lado

En las universidades el activismo estudiantil, sobre todo el de las grandes organizaciones, sigue su propia dinámica, pero esta se mantiene ajena al grueso de los estudiantes. Las reuniones de las Mesas Amplias por facultad o por universidad ya no están priorizando las asambleas; éstas están siendo utilizadas únicamente como instancia de ratificación y no de decisión y esto se evidenció en la elección de los delegados al Comité Operativo de la Mane. En muchas universidades no fueron las asambleas amplias, sino las reuniones de activistas legitimadas como “procesos democráticos”, los que eligieron los delegados a esta importante instancia de dirección de la Mane, que se reunió el pasado 10 y 11 de marzo en Manizales, donde se designó al grupo de voceros ante el gobierno nacional.

Paralelo a esto, el cronograma de actividades centrado casi exclusivamente en las discusiones conducentes a la propuesta de una nueva ley alternativa de educación superior, ha alejado a los activistas de la tarea más importante en este momento: mantener la cohesión del movimiento y aumentar los niveles de organización en las bases, preparándose así para las nuevas batallas que se avecinan por conseguir las reivindicaciones del estudiantado.

Esta dinámica es muy preocupante, pues además de generar desconfianza en las bases estudiantiles y exacerbar las luchas internas por el control de la Mane, mina la capacidad de movilización y frena los procesos de organización estudiantil reemplazándolos por acuerdos entre fuerzas políticas.

El gobierno retoma la iniciativa

Mientras la Mane se dedica a elegir sus voceros, a las ruedas de Prensa y a los foros, el gobierno retoma la iniciativa. Para recomponer el malogrado proyecto de ley, pretende avanzar concertando un documento de política pública de educación superior con otros integrantes de la comunidad. Desde el comienzo del año la ministra Campos adelanta contactos y reuniones con rectores, organizaciones profesorales y representantes estudiantiles institucionales. De esta manera pretende desconocer el prestigio y la legitimidad lograda por la MANE en la coyuntura pasada para “empoderar” a los representantes estudiantiles, como voceros “legítimos” de los estudiantes universitarios, argumentando que, ellos sí, fueron elegidos en procesos democráticos.

A retomar la movilización

Es probable que en octubre la Mane logre presentar a la sociedad un fabuloso proyecto de ley alternativo, pero si estos meses no van acompañados de un verdadero plan de acción, centrado en la movilización de masas, se corre el grave peligro de que las fuerzas se disipen y el estudiantado se desmoralice y desmovilice.

El gobierno lo sabe y por eso se la juega por el desgaste. En la última reunión de la Mane del año pasado en Neiva se definió una agenda centrada en la discusión, acompañada de una tímida programación de movilizaciones para agitar los seis puntos del programa mínimo.

Por lo pronto se anuncian dos movilizaciones, la del 28 de marzo con el slogan “Por una nueva educación, para un país con soberanía, democracia y paz” y para el mes de abril, en el marco de la Cumbre de las Américas de la OEA, participar en la convocatoria para realizar una Cumbre de los Pueblos en Cartagena.

Es necesario impulsar de manera decidida estas dos convocatorias, pero se necesita ir más allá. Es decisivo que desde la Mane convoquemos a una gran jornada nacional del sector educativo, proponiendo la unidad a Fecode, que ahora pretende ocupar a los maestros en una inocua campaña por un referendo por el derecho a la educación. Igualmente convocar a los estudiantes secundarios, a las organizaciones de profesores universitarios y a los sindicatos de trabajadores universitarios y del sector educativo reactivando los procesos multiestamentarios en las universidades.

Esta movilización debe exigir el saneamiento inmediato del déficit presupuestal de las universidades, medida necesaria para garantizar el funcionamiento de las universidades este año. Pero además, en medio de la coyuntura de las designaciones antidemocráticas de rectores y demás autoridades universitarias, debemos levantar la bandera de la lucha por una verdadera autonomía universitaria, en la cual los universitarios puedan elegir directa y democráticamente a sus autoridades y directivos académicos en las universidades. Estas reivindicaciones deben ser acompañadas de la lucha por una tarifa diferencial de transporte, contra el hacinamiento y para que el estado financie completamente la educación media, de bachillerato y de universidad.

Esta movilización debe ser acompañada por un vuelco en las prioridades de la Mane y de sus activistas, pues la organización estudiantil de base, las asambleas periódicas decisorias y la construcción de pliegos parciales que recojan las reivindicaciones inmediatas de los estudiantes son fundamentales para que la conciencia de lucha que ganaron los estudiantes no se diluya entre parciales, fotocopias y ruedas de prensa.

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